
Rafik Halliche, jugador argelino, recibió un piedrazo en la frente.
No merece calificativos. Es vergonzoso que en el fútbol mundial de hoy en día se sigan viendo actitudes salvajes y maquiavélicas. Lo que ocurrió en la llegada de los futbolistas de la Selección de Argelia a El Cairo, Egipto, fue bochornoso. Piedras por parte del público local y heridos en la delegación argelina.
La rivalidad entre estas dos naciones viene desde hace mucho tiempo, pero en la parte futbolística se acentuó con distintos partidos que a lo largo de la historia marcaron alegrías y decepciones en ambas parcialidades. Los capítulos que más dejaron su huella en el enfrentamiento fueron los de 1989 y los de 2001. En el primero, Egipto terminó accediendo al Mundial Italia ‘90 y Argelia eliminado. En tanto, en el más reciente, los Zorros del Desierto dejaron afuera de Corea-Japón 2002 a los Faraones, cuando no tenían nada por qué jugar.
Esta tercera batalla tiene más trascendencia aún, porque ambos llegan con chances y deben eliminarse entre ellos (Argelia posee 13 unidades y Egipto 10, los locales deben ganar por dos goles para forzar un desempate o más para clasificar directo), para ver quién accede a la primera Copa del Mundo en tierras africanas. Y dada esta importancia, los pueblos lo tomaron con demasiado nacionalismo y se pasaron de la raya. Traspasaron los límites.
Todo comenzó con frases ofensivas y muy duras, en muchos casos, que se emitieron desde ambos bandos. “Israel los venció en seis días en 1967”, esgrimieron los argelinos, mientras que los egipcios argumentaban: “Nosotros nos liberamos, mientras que los franceses los hicieron sus esclavos”. A medida que se fue acercando el día del partido (será el próximo sábado), las amenazas subieron de tono hasta llegar a invasiones a sitios web y a la televisión. Piratas cibernéticos de las tierras de las Pirámides hackearon periódicos y la TV Nacional de sus rivales y comenzaron a transgredir las normas.
La bronca y la locura tuvieron su punto cúlmine en el arribo de los jugadores visitantes a Egipto. El autobús que trasladaba a la delegación recibió una lluvia de piedras. El Ministro de Deportes de Argelia, Hachemi Djiar, explicó lo acontecido: “Se escondieron en los matorrales que hay en la autopista que va del aeropuerto al hotel de concentración”.
Si bien la policía local dijo que no había heridos, las imágenes mostraron lo contrario; y los dirigentes argelinos confirmaron que tres futbolistas resultaron lastimados. “Kaled Lemmouchia en el cuero cabelludo, Rafik Halliche por encima del ojo, en el arco de la ceja, y Rafik Saifi en el brazo”, aseguró Walter Gagg, representante de la FIFA.
Un acto vergonzoso en donde la FIFA debería sancionar y no quedarse callada. Lo que es peor es lo que hizo; simplemente ordenó a las autoridades egipcias proporcionar garantías. Solicitó medidas adicionales de seguridad y protección especial para la comitiva argelina durante la estadía de esta en el país de las Pirámides.
Si esto pasa de largo, como si nada, podría sentar un precedente peligroso. Y más aún, si los que se clasifiquen a Sudáfrica 2010 fuesen los egipcios, que cometieron este acto vandálico.
HERNÁN AMAYA








